Científicos de las universidades nacionales de Tsing Hua y Chung Hsing, Taiwán, la Universidad de Tokio, la Universidad Nacional de Canberra y otros, señalan nueva evidencia de un misterioso noveno planeta que podría estar oculto en la zona más lejana del sistema solar.
El Planeta Nueve (o Planeta X, como lo llama la NASA) surgió como una posibilidad real en 2016, cuando dos astrónomos del Instituto de Tecnología de California presentaron evidencia de una gran fuerza gravitacional compatible con un planeta, mucho más allá de Neptuno.
Este estudio ha reducido la lista de 13 candidatos a un solo objeto potencial que gira lentamente alrededor del Sol, a una distancia aproximada de 74.500 a 104.000 millones de kilómetros, unas 20 veces más lejos del sol que Plutón, que desde 2006 ya no es planeta y se encuentra a menos de 6.400 millones de kilómetros del Sol, en el Cinturón de Kuiper.
Los estudiosos plantean que probablemente se trate de un gigante helado como Urano o Neptuno. La única posibilidad de vida allí sería lo que los científicos denominan extremófilos, que son microbios capaces de sobrevivir en condiciones extremas cmo temperaturas muy altas o bajas, alta presión, acidez extrema o altos niveles de radiación. En el Planeta Nueve, las condiciones serían posiblemente aún peores.
El artículo en preimpresión todavía no ha sido revisado por pares y calcula que la temperatura de ese planeta sería de -200 °C a -205 °C. Su masa sería 17 veces mayor que la Tierra, es decir como Neptuno o Urano y con mucha probabilidad no tendría agua líquida, a menos que esté en las profundidades.
En dicho planeta la luz solar sería muy débil, de modo que de haber otras formas de vida, dependerían de otras fuentes de energía, indica el estudio publicado en arXiv.
El estudio utilizó datos del Satélite Astronómico Infrarrojo (IRAS), lanzado en 1983, y del AKARI, un satélite japonés que realizó observaciones espaciales entre 2006 y 2007. Con ello exploraron todo el cielo para captar señales infrarrojas de objetos distantes. Sin embargo, la clave fue el intervalo de 23 años entre sus observaciones, que permitió a los astrónomos buscar un cuerpo que se moviera lentamente por el cielo.
Al comparar los dos conjuntos de datos de estos satélites espaciales, pudieron buscar cuerpos espaciales distantes que viajaban aproximadamente tres “minutos de arco” al año. Un minuto de arco mide ángulos en el cielo, como la distancia entre las cosas al mirar hacia arriba. Hay 60 minutos de arco en un grado y 360 grados en un círculo completo.
Así, la luna llena tiene unos 30 minutos de arco de ancho en el cielo, aproximadamente el tamaño de una moneda pequeña sostenida con el brazo extendido. A partir del estudio de 2016 que estimó que el Planeta Nueve se encontraba a una distancia de entre 74.500 y 104.000 millones de kilómetros, los astrónomos comenzaron a buscar objetos que orbitaran el Sol dentro de este rango de tres minutos de arco.
Tres minutos de arco al año equivaldrían aproximadamente al ancho de una moneda de diez centavos vista a tres kilómetros de distancia. Con datos e 23 años, los astrónomos calcularon que el Planeta Nueve habría recorrido entre 42 y 69,6 minutos de arco.
Combinaron este patrón de movimiento con el efecto gravitacional que los científicos creen que el Planeta Nueve tiene sobre el Cinturón de Kuiper para reducir la búsqueda de 13 objetos distantes a solo uno que parece encajar con la descripción de un mundo distante que tira del cinturón helado del sistema solar más allá de Neptuno.
Los astrónomos observaron que solo dos detecciones (una de IRAS y otra de AKARI) no son suficientes para cartografiar la órbita completa del Planeta Nueve ni para confirmar que realmente es un planeta
Hallar un planeta grande en el borde del sistema solar explicaría por qué los objetos del Cinturón de Kuiper están inclinados unos 20 grados con respecto al plano en el que se asientan los planetas al orbitar alrededor del Sol.
La gravedad del Planeta Nueve estaría atrayendo a estos objetos durante largos, inclinando sus órbitas, de modo que todo el cinturón de hielo estaría desalineado con los planetas.
La existencia del Planeta Nueve y su fuerte gravedad también explicaría por qué todos estos cometas y pequeños planetas enanos como Plutón se agrupan y se mueven en la misma dirección sin alejarse flotando.
