| Nomi Prins |
Por Xavier Caño Tamayo*
El rescate del sistema financiero ha costado muchos billones de dólares. Según Nomi Prins, ex directora de Bear Stearns y Goldman Sachs, autora de It Takes a Pillage, 1,7 billones hubiesen evitado la crisis. Con ese dinero, el gobierno de Estados Unidos hubiera comprado o subvencionado todas y cada de las casas cuya cuota mensual no podían pagar sus propietarios, impago que inició este desastre más trampas del sistema bancario.
¿Por qué? En Estados Unidos, altos ejecutivos de Wall Street son quienes obtienen cargos en el Ministerio de Finanzas, pero ocupan de nuevo cargos bancarios cuando dejan el gobierno. Y, claro, entre bomberos no se van a pisar la manguera. Por eso no se reforma nada.
Ángela Merkel, canciller de Alemania, denuncia que los bancos especulan de nuevo y que la situación económica es incierta porque no se han establecido medidas de control de mercados financieros. Rafael Poch de Feliú, corresponsal en Berlín del diario La Vanguardia, nos recuerda que desde marzo de 2009, los principales índices bursátiles (Dow Jones, Nikkei, Dax) han crecido por encima del 50%. Cifras que no tienen que ver con ningún crecimiento real de producción de bienes o servicios, mayor distribución de los mismos ni mayor consumo. Pero los principales bancos de inversión (especulativa, por supuesto) repartirán 100.000 millones de dólares en gratificaciones a sus ejecutivos.
En Gran Bretaña, según el Centro para la Investigación Económica y Empresarial, en 2009 aumentan un 50% respecto a 2008 las gratificaciones de altos ejecutivos financieros. Nunca pocos han poseído tanto dinero y con tan pocas reformas, ha ironizado Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra.
Ergo, la recuperación que proclaman los medios informativos (que cada vez informan menos) no es más que especulación.
Aunque abrió la puerta de España a la contrarreforma neoliberal (iniciada en los ochenta por Reagan y Thatcher), Felipe González, ex presidente del gobierno español, ha renunciado al demoníaco neoliberalismo y hoy denuncia que la crisis fue porque el sistema económico era un casino sin reglas. Que haya reglas, entonces, si ése es el problema.
No parece posible. No en Europa. El flamante Tratado de Lisboa (que pretende ser la Constitución de la Unión Europea) prohíbe “cualquier limitación de la circulación de capital entre los estados miembros, así como entre éstos y terceros países”. Ateniéndonos al significado real de las palabras, el Tratado prohíbe cualquier regulación de mercados financieros. Los Sarkozy, Brown, Merkel, Van Rompuy, Zapatero y compañía tendrán que explicarnos cómo saldremos de la crisis sin regular ni controlar bancos ni espacios de especulación financiera.
Acaso por eso fueron ministros de Economía del G-20 (y no de la Unión Europea) quienes pidieron al Fondo Monetario Internacional la imposición de una tasa a transacciones internacionales financieras. Y el FMI estudia alguna tasa a los bancos, pero sólo para crear un fondo de futuros rescates bancarios. Por supuesto, ha aclarado su director, no es la tasa Tobin. La tasa Tobin gravaría la especulación financiera internacional para dedicar lo conseguido a resolver los muy graves problemas del mundo (pobreza severa y hambre, por ejemplo). No, esa tasa que el FMI estudia podrían denominarse tasa de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.
Porque cuando banqueros, financieros y especímenes similares defienden la libertad (para oponerse a las regulaciones y controles) es la libertad del capital financiero y empresarial para acumular riqueza. A costa de lo que sea. La libertad de las personas y de los pueblos les importa un rábano.
La peor crisis de la historia y no se vislumbran normas ni control. Pero vuelve el saqueo. El profesor Juan Torres propone que los ciudadanos pongamos en marcha respuestas pacíficas, pero contundentes ante tanta injusticia y desvergüenza. Lo firmo, porque si los de abajo de la pirámide de población no nos movemos, esto no lo arregla ni dios.
*Periodista y escritor
www.solidarios.org.es

2 comentarios
No le s van a regalar las casas a los que no pagaron ni cumplieron, esa es la cuestion etica.
A dónde va la plata
Tan mal ha estado la situación por la irresponsabilidad y dolo de los banqueros y financistas, que verdaderamente en la crisis pudo darse la solución de pagar las casas de los insolventes. En vez de eso se prefirió reforzar a los bancos con muchísimo más dinero de lo que se hubiera dado a los insolventes, y pese a eso el problema no está aún resuelto. Parece que los financistas vuelven a las andadas especulativas porque saben que tienen una colchoneta de seguridad en el dinero de los contribuyentes yanquis que el gobierno de los EE. UU. podría dar nuevamente a los banqueros fraudulentos.
Pero todo tiene un límite. Por estas movidas y otras causas ha crecido enormemente la deuda de los EE. UU. y nadie sabe en qué puede terminar esto.