Jorge Manco Zaconetti
La futura recesión de la economía norteamericana nos debe afectar en varios frentes, todos interrelacionados. La falta de confianza, la mayor incertidumbre, el enfrentamiento abierto de la política económica del gobierno de Donald Trump contra la República Popular China, y otros países como Japón, Corea del Sur con mayores aranceles (impuestos) a las exportaciones de tradicionales amigos de los Estados Unidos, está provocando una estampida en contra del dólar como moneda reserva de valor, y medio de cambio.
El Japón un país que posee los mayores montos de los bonos norteamericanos emitidos por el Tesoro de los Estados Unidos ha empezado a deshacerse de dichos títulos de deuda que han financiado el endeudamiento de la economía norteamericana, y cuestiona la supuesta solidez de la economía norteamericana.
Las consecuencias de dicha respuesta financiera a la agresiva política de Trump que apuesta por mayores barreras proteccionistas son impredecibles, con un efecto en cadena, que han tenido como resultado preliminar una moratoria de 90 días en la aplicación de los aranceles, excepto a los productos provenientes de la República Popular China, que siguen gravados con un arancel de 125 %. ¡Es decir, la guerra comercial entre USA y China está declarada!
En dicho contexto los bancos centrales de varios países están comprando oro físico, provocando un crecimiento inusitado de la demanda sobre el metal amarillo, a tal punto que en la semana que termina la onza de oro llegó a niveles nunca vistos: US $ 3,500 dólares

A un menor crecimiento de la economía mundial, todos los países incluyendo tienen que revisar las proyecciones de crecimiento económico para el 2025 con tendencias hacia la baja, un encarecimiento de las tasas de interés y del endeudamiento, menores inversiones privadas. En el caso del Perú se retrasarían las inversiones en los proyectos cupríferos a pesar de la transición energética y todavía los atractivos precios que superan los US $ 4 dólares la libra.
Sin embargo, lo que debiera preocupar a las empresas, consumidores y gobierno del Perú, son las declaraciones de Trump en el sentido que los países de América Latina, deben optar, elegir entre alinearse con la República Popular China o los Estados Unidos de Norteamérica. ¡Es decir, debemos tomar partido por una de las dos potencias!
En nuestro caso, debemos reconocer que el principal mercado para las exportaciones desde nuestro país hacia la China representaron más del 32 % del valor de las exportaciones en 2024, que alcanzaron un récord superando los US $ 75,7 millones de dólares; constituyendo el grueso las exportaciones de cobre en todas sus formas, las ventas de hierro, de harina de pescado, concentrados de plata, de oro, plomo zinc, y molibdeno.
En la práctica las exportaciones de productos mineros representaron casi el 90 % del total hacia el gigante asiático, que es sin duda el principal mercado no solamente para el Perú sino para el conjunto de países de América Latina.

Sin embargo, las exportaciones de productos mineros hacia dicho país tienen la forma de concentrados, siendo procesados, refinados en la China, donde se obtienen una serie de subproductos como oro, plata, cadmio, litio, molibdeno, tungsteno, trióxido de arsénico entre otros minerales raros, que no son fiscalizados por el Estado peruano.
En verdad, el total de las exportaciones desde el Perú hacia la República Popular China que fueron superiores en el 2024 a los US $ 23 mil millones de dólares, no representan ni el 1 % del total de las compras que realiza el gigante asiático a las compras del Resto del Mundo. De allí, las enormes posibilidades que ofrece el mercado chino para un crecimiento de las exportaciones desde nuestro país que se potencian con la entrada en operaciones del Mega Puerto de Chancay.
Es más, mientras los Estados Unidos de Trump en su neurosis económica de recuperar la “grandeza perdida” propende a medidas proteccionistas, la China de Xi Jinping adopta políticas de “arancel cero” para todos aquellos países que quieran comerciar con el gigante asiático.

MERCADO GRINGO
Si bien el mercado norteamericano representa un poco más del 13 % del valor total de las exportaciones de nuestro país, la constitución de dichas ventas tienen una diferencia sustancial con las exportaciones hacia la China.
Las exportaciones hacia los Estados Unidos están conformadas por productos agrícolas, textiles, y en general por mercancías con un mayor grado de elaboración.
Así, de un total del valor de exportaciones de US $ 9,478 millones de dólares hacia el mercado norteamericano, el 22 % de las mismas estaban constituidas por arándanos (US $ 1,246 millones), uvas (US $ 850 millones), seguidos por el café, espárragos, paltas, mandarinas, mangos.
En verdad, dichos productos se han favorecido de un marco promotor del Estado peruano y de un aprovechamiento del Tratado Libre Comercio firmado con los Estados Unidos que entró en vigencia en 2009.
Ello explica por ejemplo el salto cuantitativo de las exportaciones de frutas, que en 2010 tenían un valor de exportación de US $ 594 millones, para representar en 2024 un valor de exportación de US$ 6,680, es decir han aumentado 11 veces en quince años. Constituyendo el mercado de los Estados Unidos el principal nicho, seguido por los países de Europa Occidental y luego Asia.

En el mismo sentido, en la exposición del ministro de Economía y Finanzas, Eco. José Salardi en su presentación ante el Congreso de la República en marzo pasado, sostenía que el Perú ocupaba el año 2023 según el ranking mundial de exportaciones agrícolas, el primer lugar en la producción de arándanos, uvas, espárragos, quinua; el 3.º lugar en la producción de paltas y un 5.º lugar en los mangos.
Con la información disponible para 2024, el mercado norteamericano representaba para la exportación desde el Perú en espárragos el 68 %, en arándanos el mercado gringo significaba el 55%, para toda la variedad de uvas un 49 %. Por tanto, un mayor arancel restaría competitividad a las exportaciones desde nuestro país y encarecería los precios para los consumidores norteamericanos.
En verdad, esta bonanza de la agroexportación representa la expresión de una política de Estado promotora con una serie de medida tributarias que deben mantenerse en razón del empleo generado y el efecto multiplicador de la inversión. Sin embargo, el mismo tratamiento tributario debiera percibir el productor agrícola que abastece el mercado interno, sobre todo andino que produce en las peores condiciones sin crédito barato, ni subsidio alguno como sucede en los Estados Unidos y Europa que apoyan a sus agricultores.

Por último, ante la alternativa que nos quiere imponer el gobierno de Trump como países soberanos debemos mantener un no alineamiento activo, sin Pekín ni Washington, reconociendo los altos intereses de nuestro país, apostando por las mejores condiciones económicas y financieras donde el mercado de los países asiáticos ofrece las mayores perspectivas de crecimiento económico, donde debemos transitar de las exportaciones tradicionales de materias primas a una producción con un mayor valor agregado, y mejores precios.
Diario Uno, 26.04.2025
