Una investigación arqueológica de la Gerencia de Planificación, Gestión y Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima) relizó el hallazgo de los restos de la antigua iglesia y del Hospital del Espíritu Santo bajo el actual Santuario de Santa Rosa de Lima.
Los vestigios fueron presentados ayer como un nuevo atractivo del Centro Histórico. La investigación permitió recuperar muros, pisos, contextos funerarios y elementos decorativos que posibilitan reconstruir parte de la configuración que tuvo este sector de Lima durante el virreinato.
Los trabajos buscan integrar posteriormente los restos al espacio del santuario para que puedan ser observados por los visitantes.
El Hospital del Espíritu Santo fue fundado por el comerciante griego Miguel de Acosta y comenzó a funcionar el 23 de mayo de 1575, con autorización del virrey Francisco de Toledo. Su función inicial fue atender a marinos, pilotos y otros trabajadores relacionados con las actividades marítimas. Con el tiempo amplió su atención a otros sectores de la población virreinal.
El nosocomio funcionó hasta los primeros años de la República. Luego fue trasladado al Hospital de Bellavista, en el Callao. El antiguo edificio, sin embargo, tuvo una historia mucho más extensa que la estrictamente asistencial. Durante el virreinato también acogió actividades vinculadas con la enseñanza de matemática, pilotaje y cosmografía.
Uno de los sectores identificados corresponde al acceso de la antigua iglesia del Espíritu Santo. Allí aparecieron dos muros laterales construidos con piedra, ladrillo y adobe, unidos mediante calicanto. Bajo un piso formado por ladrillos pasteleros se encuentran contextos funerarios.
Algunos entierros fueron realizados directamente en el terreno, mientras que otros se encontraban dentro de estructuras rectangulares construidas a manera de nichos. Estos hallazgos permiten reconocer el uso religioso y funerario de este espacio asociado al antiguo complejo hospitalario.
Los restos humanos también abren una posibilidad para futuras investigaciones sobre las personas que utilizaron el establecimiento. El análisis de los esqueletos podría aportar información sobre enfermedades, dieta, salud dental y condiciones de vida de la población atendida, especialmente de los marineros que constituían su público inicial.
Una flor de seis pétalos
En el antiguo ingreso del hospital apareció otro de los elementos más llamativos de la excavación: un amplio piso empedrado cuyo diseño representa una flor de seis pétalos inscrita dentro de un círculo.
Las puntas de los pétalos fueron elaboradas con restos óseos de animales. El diseño constituye una evidencia de las soluciones decorativas y técnicas empleadas en este espacio durante el periodo virreinal. Su significado específico, sin embargo, todavía requiere investigación. También fueron recuperados azulejos valencianos del siglo XVIII, de 21 por 21 centímetros, decorados con motivos vegetales.
En la etapa republicana sus instalaciones tuvieron otros usos. El antiguo recinto albergó el Colegio de Educandas del Espíritu Santo Madama Nussard, el Museo Nacional y posteriormente la Escuela Nacional de Ingenieros.
Esta última ocupación conecta el hallazgo con la historia de la actual Universidad Nacional de Ingeniería. Fotografías antiguas de la Escuela de Ingenieros muestran espacios del antiguo complejo, lo que permite establecer una relación entre aquella institución educativa y el edificio cuyos restos ahora vuelven a ser visibles.
La desaparición del antiguo Hospital del Espíritu Santo ocurrió durante la transformación urbana de Lima. Parte de sus estructuras fue afectada por las obras de apertura de la avenida Tacna. Sin embargo, algunos vestigios permanecieron bajo tierra y ahora permiten reconstruir un capítulo de la historia de la capital.
El hallazgo tiene además un vínculo con Santa Rosa de Lima. El actual santuario se levanta sobre un espacio que experimentó sucesivas transformaciones desde el periodo virreinal. Según la investigación, Santa Rosa de Lima vivía en la misma manzana y acudía al Hospital del Espíritu Santo para atender a los enfermos.
Los trabajos buscan conservar el piso empedrado, los muros de ladrillo y adobe y los restos de pintura mural, para incorporar posteriormente estos vestigios al circuito de visitas del santuario.
Para Luis Martín Bogdanovich, gerente de Prolima, el hallazgo recupera una parte de la memoria de Lima que permaneció oculta durante décadas. El alcalde de Lima, Renzo Reggiardo, invitó a conocer este nuevo espacio del Centro Histórico.
El hospital fue conocido también como Hospital de Mareantes, por su dedicación a marineros y gente de mar.
Una fuente histórica señala que podía atender hasta 70 pacientes y que contaba con capilla.

Su sostenimiento tenía una relación directa con la actividad marítima: los barcos que llegaban al puerto contribuían a sus rentas y parte de los salarios de los marineros se destinaba a su mantenimiento.
Los restos pudieron conservarse porque el área no fue atravesada posteriormente por tuberías de agua o desagüe ni sufrió cimentaciones modernas profundas que destruyeran las estructuras.
