El portaaviones USS Gerald Ford
El presidente de los Estados Unidos Donald Trump aseguró anoche tener una idea clara de cómo ejecutaría una acción militar en Venezuela, tras un segundo día consecutivo de deliberaciones en la Casa Blanca con sus principales asesores de seguridad nacional.
El discurso estadounidense se centra en la lucha contra las drogas, pero el verdadero objetivo de los preparativos de la administración Trump es saquear el petróleo venezolano con la ambición de ocupar Venezuela como hicieron con Irak, Siria, Libia, aunque Europa no respalda una intervención, pero indirectamente la atiza al haber otorgado el premio Nobel de la paz a la impresentable Corina Machado, quien contradictoriamente a la paz abogó por un ataque a su país, lo que le facilitaría copar el poder y ser la títere de los EE. UU.
De darse una intervención en Venezuela, sería un precedente para invadir cualquier país de América Latina y despojarlo de sus recursos.
En tanto, las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región esperan posibles órdenes de intervención, aunque Trump continúa soltando declaraciones imprecisas sobre la operación.
Hasta el momento la armada de los EE. UU. continúa atacando embarcaciones argumentando que son de narcotraficantes sin ofrecer prueba alguna de ello, en medio de la condena de la ONU, que apunta a ejecuciones extrajudiciales contrarias al derecho internacional.
De otro lado, los EE. UU. también acusa al régimen del presidente venezolano Nicolás Maduro de ser parte de una organización criminal de narcotráfico, como justificación para buscar su derrocamiento vía intervención armada o acciones soterradas en el territorio venezolano para su caída.
Todo apunta a que Maduro tiene participación en redes de corrupción, sin embargo el dictador se ha ganado la furia de Trump y sus seguidores por exportar a los EE. UU. y toda América a gente de mal vivir, incluso soltó presos, muy presumiblemente contando con la asesoría de la perversa Cuba, acostumbrada a ello.
Al propio Maduro se le vio por televisión dando instrucciones a los presos que dejaba libres. Teniendo en cuenta la corrupción en su gobierno, es muy probable que dichas liberaciones se hayan realizado bajo condicionamiento, los presos estarían obligados a pagar por su libertad haciendo dinero en otros países. Hechos que apuntan a ello es que tras eso Maduro hizo lo que no quería antes hacer, abrió casas de cambio, facilitando la llegada de dinero del exterior, sin importarle que sea legal o manchado de sangre. Otra evidencia es el negarse a recibir deportados de Chile y el Perú, pese a vociferar de promover un supuesto “regreso a la Patria”. Este pacto con la delincuencia habría ocurrido de manera muy similar al sucedido durante el corrupto gobierno de Alan García, donde se dieron narcoindultos a cambio de dinero.
Esos migrantes venezolanos son repudiados en todos los países a donde han llegado, por su salvajismo, que ha causado muchas muertes y despojos a los ciudadanos con los delitos que perpetran. El propio Trump ha calificado a los venezolanos de ser «lo peor del mundo».
Estos venezolanos en los EE. UU. también han atizado el odio contra todos los latinoamericanos, pues los estadounidenses piensan que son lo mismo y parte de ellos justifica las rudas acciones o persecuciones del gobierno de Trump para expulsar a los migrantes latinos, con lo cual también el mandatario cumple su promesa de deportaciones masivas.
¿Atacarán a Venezuela?
Aparentemente las acciones de los Estados Unidos suben de tono. En agosto aumentaron la recompensa por información que condujera al arresto y condena de Maduro de 25 a 50 millones de dólares, citando supuestos vínculos con cárteles de la droga y la creencia estadounidense, que se remonta a la administración Biden, de que perdió las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024 y se negó a renunciar.
En el campo millitar es indiscutible la superioridad estadounidense sobre Venezuela, pero ello expondría a las tropas de los EE. UU. a bajas, pues Maduro cuenta con armamento ruso, incluyendo misiles que podrían castigar a la flota estadounidensese, que ahora cuenta con pilotos de combate a bordo del portaaviones USS Gerald R. Ford presente en la zona.
El Ministerio de Defensa venezolano anunció una movilización masiva de unos 200 mil efectivos de las fuerzas aéreas, terrestres y navales.
La extensa misión militar de la administración Trump en América Latina ha generado malestar entre algunos de los socios más cercanos de Washington en la región. Colombia, colaboradora y hasta servil de larga data en operaciones antinarcóticos, anunció esta semana la suspensión del intercambio de inteligencia con Estados Unidos, lo que el presidente del país, Gustavo Petro, calificó como un imperativo de derechos humanos.
Hasta el viernes, había siete buques de guerra estadounidenses en el Caribe: los cruceros lanzamisiles USS Gettysburg y USS Lake Erie; los destructores USS Gravely y USS Stockdale; y los buques anfibios USS Iwo Jima, USS Fort Lauderdale y USS San Antonio. El USS Ford se encontraba cerca, en el Atlántico, con los destructores USS Mahan, USS Bainbridge y USS Winston S. Churchill.
El jueves, la general retirada Laura Richardson, quien fue jefa del Comando Sur de Estados Unidos de 2021 a 2024, declaró durante un panel de discusión en el Atlantic Council que las fuerzas armadas venezolanas cuentan con armamento obsoleto y, en general, carecen de preparación operativa. Asegura que Venezuela posee un sistema de defensa aérea antiguo, probablemente desplegado para proteger la capital, Caracas, y el régimen de Maduro. Señaló que Venezuela ha brindado refugio durante mucho tiempo a los cárteles colombianos de la droga que operan a través de la frontera compartida entre ambos países.
En medio de estos argumentos sobre el narcotráfico, la verdad es que sucesivos gobiernos no han atacado el problema de las drogas en su territorio, sino que han usado este pretexto para enviar a la DEA, con cuya presencia en estos países el narcotráfico, en lugar de reducirse, aumentó.
No sólo es la coca, que parte de Sudamérica, sino toda clase de sustancias, desde la marihuana hasta el fentanilo, que muestran una casi nula acción del gobierno estadounidense, más preocupado en financiar a Ucrania e Israel que en combatir a las redes de narcotraficantes que operan con impunidad en territorio estadounidense desde hace décadas. De igual manera, tampoco quieren gastar en un sistema que ayude a los adictos, que deberían se recogidos de las calles y llevados a centros de tratamiento médico.

1 comentario
q desaparezcan todos los venecos para q no sigan saliendo a asesinar y asaltar y prostituirse a otros paises