► Al usar el dólar, todos los países mantienen a EE.UU.
► EE. UU. emplea la fuerza para conservar su parasitario sustento
Nancy J. Simpson
Lo de Venezuela no es por tráfico de drogas, terrorismo o democracia. Se trata del dólar. Dejemos de fingir.
Estados Unidos no actúa contra Venezuela por las drogas ni por terrorismo ni porque de repente se haya encendido una pasión por la democracia.
Se trata de dinero. Más precisamente, se trata de la supervivencia del dólar estadounidense como la moneda dominante del mundo.
Puede sonar dramático, pero es simplemente cierto.
Durante cincuenta años, el poder estadounidense se ha basado en un discreto acuerdo del que la mayoría de los ciudadanos nunca se ha enterado. Es más importante que los portaaviones, más poderoso que las sanciones y más duradero que cualquier presidente. Se llama sistema petrodólar.
En la década de 1970, tras el colapso del patrón oro, Estados Unidos llegó a un acuerdo estratégico con Arabia Saudita, según el cual el petróleo se valoraría exclusivamente en dólares estadounidenses; a cambio, Estados Unidos proporcionaría protección militar.
Ese solo acuerdo obligó a todos los países del mundo a conseguir dólares para comprar energía. La demanda artificial del dólar estaba asegurada. Estados Unidos podía mantener déficits, imprimir dinero, financiar guerras y consumir mucho más allá de su capacidad productiva porque el mundo no tenía más alternativa que usar el dólar.
Este acuerdo ha sostenido el dominio estadounidense durante medio siglo. Ahora se está quebrando.
Venezuela está ubicada sobre las mayores reservas de petróleo probadas del planeta, tiene más que Arabia Saudita: aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Ese hecho por sí solo la hace estratégicamente vital.
Pero el petróleo en sí no es la verdadera amenaza. La amenaza es la manera en que Venezuela decidió venderlo.
Hace años, Caracas empezó a alejarse del dólar. Las ventas de petróleo se realizaban en yuanes, euros y rublos. El gobierno declaró abiertamente su intención de liberarse de la dependencia del dólar. Persiguió una integración más profunda con China y Rusia, exploró sistemas de pago fuera del control estadounidense y buscó alinearse con el bloque BRICS.
En otras palabras, Venezuela hizo algo imperdonable: desafió al dólar. La historia nos dice lo que sigue.
Cuando Sadam Hussein anunció que Irak vendería petróleo en euros, Irak fue invadido. Nunca se encontraron armas de destrucción masiva, pero el petróleo iraquí rápidamente volvió a cotizarse en dólares.
Cuando Muamar Gadafi propuso una moneda africana respaldada por oro para facilitar el comercio del petróleo, Libia fue destruida [por la OTAN] y Gadafi fue asesinado. El proyecto murió con él. El país se precipitó al abismo.
Diferentes líderes y justificaciones diferentes: el mismo resultado.
Desafíen al dólar y pierdan el país.
Ahora examinemos la posición de Venezuela. Contiene mucho más petróleo que Irak o Libia, ha estado operando activamente fuera del sistema del dólar, ha estado construyendo alternativas a la infraestructura financiera controlada por Estados Unidos, se ha alineado con las naciones que impulsan la desdolarización global.
Las represalias no son casualidad; constituyen un patrón.
Los funcionarios estadounidenses ya no ocultan esa lógica. Se nos dice abiertamente que el petróleo venezolano pertenece a Estados Unidos porque las empresas estadounidenses ayudaron a desarrollar la industria hace un siglo. Según ese razonamiento, casi todos los recursos nacionalizados de la historia son robos, aunque se haya pagado indemnización o compensación.
La implicancia es clara: la soberanía de otros países se respeta solo hasta que choca con el dominio económico estadounidense. Pero aquí está el problema más profundo al que se enfrenta Washington: el sistema del petrodólar ya se está erosionando.
Rusia ya no vende energía exclusivamente en dólares, Irán ha evitado el dólar durante años, China ha construido su propia infraestructura global de pagos. Las naciones BRICS están desarrollando mecanismos de transacción que eluden por completo el control financiero de Estados Unidos. Incluso los socios estadounidenses de larga trayectoria están discutiendo abiertamente alternativas.
El mundo está aprendiendo a comerciar sin pedir permiso.
Que Venezuela se una a ese ecosistema mientras mantiene enormes reservas de petróleo aceleraría drásticamente el cambio. Esto demostraría que la desdolarización no es teórica: es viable, duradera y rentable. Eso es lo que no se puede permitir.
Así que el conocido libreto vuelve a manifestarse en escena: acusaciones, sanciones, seguridad nacional, estabilidad. El lenguaje siempre es vago, siempre moralizador, siempre selectivo.
Mientras tanto, las compañías petroleras esperan, se redactan acuerdos; y el mensaje [del Maduro secuestrado] se envía no solo a Venezuela sino a todo el Sur Global.
Comercien sin usar el dólar y pagarán las consecuencias. Pero esta vez la amenaza podría volverse contraproducente.
Porque el mundo está mirando y lo que ve no es fuerza sino miedo. Cuando una moneda debe imponerse mediante la violencia, ya ha perdido algo esencial.
No se puede bombardear la confianza para que exista confianza. Con sanciones no es posible legitimar el retorno a la confianza. Y no se puede obligar por tiempo indefinido a un mundo multipolar a mantener un sistema diseñado para un mundo unipolar.
Esto no tiene que ver con el presidente de Venezuela; no se trata de ideología, ni siquiera se trata realmente del petróleo.
Se trata de si Estados Unidos puede seguir viviendo por encima de sus posibilidades obligando al mundo a financiarlo, o de si esa era está llegando a su fin.
Si el dólar fuera realmente inatacable, no necesitaría que lo defiendan de esta manera.
Venezuela no es el comienzo de esta historia; se siente mucho más como el final de una muy antigua. La vieja historia no se repite pero sí reverbera; y el eco se hace más fuerte. La cuestión no es si el mundo la escucha; la cuestión es si finalmente deja bailar al compás que ella impone.
Traducción de Con nuestro Perú de
“Venezuela Is Not About Drugs, Terrorism, or Democracy. It Is About the Dollar” en
Pravda 06-01-2026
