Los gremios de transportistas se movilizaron por la mañana desde norte, sur y el este de Lima hacia el Congreso, a donde llegaron al mediodía de forma pacífica, sin embargo, por la tarde la acción de la Policía al impedirles el paso causó el desborde de la muchedumbre por calles cercanas a la sede del Poder Legislativo, donde fueron atacados con gases lacrimógenos, hecho que dejó al menos una persona herida.
Los manifestantes se concentraron en la avenida Abancay con la intención de llegar al Congreso de la República para respuestas claras y soluciones para terminar con la ola de crímenes y amenazas extorsivas que sufren diariamente, pues les exigen pagos a cambio de dejarles trabajar y ya han asesinado a 16 transportistas, además de haberse perpetrado ataques con y sin heridos contra parte de sus empresas.
Cuando la protesta estaba por el jirón Puno, la Policía Nacional arremetió con bombas lacrimógenas para dispersar, hecho que indignó a los manifestantes. Algunos de ellos lanzaron ntes arrojaron botellas y objetos de madera, entonces comenzaron las escaramuzas y los palazos de los policías a los manifestantes.
Debido a la batahola, los comerciantes del Mercado Central y las galerías aledañas cerraron sus establecimientos, incluso algunos tenían dentro a algunos clientes, quienes pudieron salir cuando los ánimos se calmaron.
Antes de estos incidentes todo había transcurrido de forma pacífica desde sus puntos de concentración en las zonas norte, sur y este de Lima. Parte de los manifestantes estuvieron congregados en el Campo de Marte, donde antes de continuar hacia el centro quemaron una rata que simbolizaba el estado corrupto e incapaz.
Otro momento de tensión entre los manifestantes fue cuando en el Congreso sólo dejaron ingresar a un pequeño grupo de dirigentes de los transportistas, lo cual causó la indignación de otros representantes.
A la marcha de transportistas se sumaron ciudadanos en general, estudiantes, profesores del Sutep, trabajadores de la CGTP, construcción civil e incluso algunos fueron a ayudar a los manifestantes, como una comerciante de Gamarra, que llevó muchos queques y otros que al paso de la marcha les brindaban agua. La ciudadanía en general también es golpeada directa o indirectamente por esta situación de inseguridad que se tornó grave desde la llegada de los venezolanos.
