Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Griffith University, la Universidad de Southern Queensland, y la Universidad de Queensland, Australia, señala que ha determinado la correcta proporción de tiempo en que los empleados de oficina deberían estar sentados o parados para evitar problemas lumbares.
Un grupo de científicos australianos descubrió cómo una sencilla rutina en la que se alterna el tiempo de estar sentado con el de estar parado en la oficina puede reducir el dolor en los empleados e incluso aumentar su productividad.
Los resultados fueron publicados en la revista Applied Ergonomics, y abarcó a 56 oficinistas que habían presentado dolor lumbar durante el mes anterior al estudio y utilizaban un escritorio de altura regulable.
En los tres meses que duró la prueba, la mitad de las personas siguió una rutina de 30 minutos sentado y 15 de pie mientras que la otra mitad trabajó de la mano de un fisioterapeuta para crear intervalos personalizados basados en los momentos en los que sentían dolor.
Los resultados indican que después de tres meses, ambos grupos lograron reducir el dolor umbral, sin embargo, los participantes que utilizaron el esquema fijo de 30 y 15 minutos presentaron una reducción mayor del dolor, además de reportar un nivel de estrés menor, así como una mejor concentración.
En una escala de 10 puntos, los trabajadores que siguieron la rutina 30/15 registraron una disminución de 1,33 puntos en su dolor diario mientras que, en promedio, su dolor disminuyó en 0,83. Por otro lado, los oficinistas con esquemas personalizados solamente lograron reducir el dolor diario en 0,69 puntos sin cambios significativos en el dolor promedio.
Charlotte Brakenridge, autora principal del estudio, explicó que esto se debe a que el esquema fijo era más fácil de seguir para los participantes, probablemente debido a su clara estructura y la sensación de rutina que proporcionaba, por lo que la implementaron de forma más consistente que el grupo que siguió su propio régimen.
El enfoque personalizado ofrecía mayor flexibilidad, lo que puede haber dado lugar a una participación menos constante, señala Brakenridge, y comentó que las conclusiones pueden ayudar a mejorar también la productividad.
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