Eliminar por completo el azúcar de la dieta es la recomendación de moda, pero un estudio reciente sugiere que podría ser más perjudicial que beneficioso. En lugar de mejorar la salud metabólica, parece empeorarla, indica un estudio realizado por investigadores del Dasman Diabetes Institute de Kuwait.
La investigación, publicada en Frontiers, se realizó con roedores, con una muestra e pequeña de solo seis ratones por grupo. Los ratones tienen sistemas digestivos fundamentalmente diferentes a los de los humanos. No obstante, los hallazgos advierten sobre los posibles peligros ocultos de las dietas extremas.
Como diversos estudios durante décadas señalan al consumo excesivo de azúcar como causa del aumento de enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2, las recomendaciones de salud han ido al extremo de suprimir el azúcar como señal de dieta saludable.
En realidad el exceso debe ser suprimido y a veces se consume de forma inadvertida en alimentos industriales como bebidas gaseosas, galletas y otras golosinas, o hasta en productos supuestamente saludables como yogur, cereales instantáneos o galletas “saludables”.
Esta investigación ofrece una nueva perspectiva sobre la salud, que va mucho más allá del enfoque habitual en las calorías y la pérdida de peso. En el experimento, los ratones sometidos a una dieta estricta sin azúcar no aumentaron de peso. Según los parámetros de salud habituales, parecían estar perfectamente bien.
Sin embargo, a nivel interno, su metabolismo falló. Sus hormonas indicaron que su intestino estaba en crisis y perdieron la capacidad de eliminar la glucosa de la sangre. Esto sugiere que se puede ser delgado y aun así tener problemas metabólicos si el ecosistema intestinal no funciona bien.
Se debe tener en cuenta que los microbios que viven en el tracto digestivo, como ciertas familias de bacterias beneficiosas dependen de azúcares simples para sobrevivir.
Cuando estos microorganismos se alimentan de carbohidratos, producen subproductos químicos vitales. Estos subproductos ayudan a mantener sana la mucosa intestinal y favorecen la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes. También desencadenan la liberación de hormonas que ayudan a regular el apetito y mejoran la respuesta del cuerpo a la insulina.
Cuando una dieta sin azúcar detiene la producción de estos combustibles, las células que recubren el intestino pierden su principal fuente de energía y la barrera intestinal comienza a deteriorarse. Esta dieta estricta también eliminó los microbios beneficiosos que ayudan al sistema inmunitario.
Cuando los microbios beneficiosos mueren por falta de carbohidratos simples, bacterias dañinas adaptadas al estrés aumentan en cantidad, cambio crea un “intestino permeable”.
Las toxinas bacterianas dañinas atraviesan la pared intestinal dañada y circulan por el cuerpo, desencadenando una intensa respuesta inmunitaria.
La dieta en este experimento fue estrictamente baja en grasas. Esto es muy diferente de las dietas occidentales altas en grasas y azúcares que causan enfermedades generalizadas en la vida real.
Una dieta rica en grasas y calorías con reducción del consumo de azúcar sigue siendo una opción muy saludable.
Sin embargo, esta investigación demuestra que eliminar por completo el azúcar de las comidas conlleva sus propios riesgos. Un cuerpo resistente requiere una microbiota intestinal diversa y bien nutrida.
Por tanto, las dietas no deberían considerar una eliminación extrema, sino concentrarse en proporcionar a la microbiota la amplia y variada mezcla de nutrientes que necesita para prosperar.
En consecuencia, una dieta saludable debería considerar el mantenimiento de la microbiota con una variedad de alimentos. Las bacterias intestinales necesitan diferentes tipos de combustible para desarrollarse. En lugar de eliminar por completo los carbohidratos, se debe consumir una amplia variedad de frutas, verduras y cereales. Los azúcares naturales y las fibras complejas presentes en estos alimentos mantienen un buen equilibrio de la microbiota intestinal.
Diversos investigadores recomiendan evitar el azúcar ultraprocesada, como es el azúcar blanca, donde se ha suprimido elementos naturales y se ha añadido químicos. Las buenas opciones son el azúcar rubia, la panela, miel de abeja y la chancaca, siempre usadas de forma muy moderada.
También aconsejan incorporar alimentos fermentados para instestinos saludables, como kéfir, chucrut, yogur natural, quesos madurados o chicha de jora.
De igual manera, evitar los alimentos ultraprocesados como conservas, productos de panificación envasados (añaden generalmente exceso de azúcar y conservantes para que no se pudran), golosinas, embutidos y comida chatarra.
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