La llegada al Perú de los restos simbólicos del hijo menor de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, y Micaela Bastidas, Fernandito Túpac Amaru Bastidas, nos recuerda el cautiverio del niño a los 11 años de edad en el fortín Real Felipe del Callao y nos hace pensar en una posible psicofonía de este desafortunado personaje.
En dicha prisión fue recluido tras ser obligado a presenciar la brutal ejecución de sus padres y hermano mayor en la Plaza de Armas del Cusco el 18 de mayo de 1781. De allí, junto con otros prisioneros, fue obligado a caminar 70 días hasta el Callao. Desde entonces pasó penurias incontables.
Como es sabido, instrumentos modernos son capaces de captar sonidos, voces y hasta diálogos, en especial en sitios cargados de recuerdos trágicos o injustos y más si se trata de ambas cosas, sucesos trágicos e injustos. Lo que se obtiene con esta técnica se llama psicofonías, cuya historia data desde 1901, cuando el antropólogo Waldemar Bogras captó accidentalmente voces de chamanes en Siberia con una antigua precursora de las grabadoras.
El grupo Dharma, fundado por Pedro Noguchi, grabó unas psicofonías en el Real Felipe hace 13 años, sin embargo, sólo dejó evidencia de dichas grabaciones en Youtube, sin plantear la identificación de dichas voces. Pero reconstruyendo la historia, es posible que lo que grabó sea la voz de Fernandito Túpac Amaru a los 11 años, recluído en dicha fortaleza.
Según los datos históricos, en el virreinato (aparte de Fernandito Túpac Amaru) allí se encarcelaba a los conspiradores y también a algunos presos comunes, esto es, todos adultos. Después de la Batalla de Ayacucho en 1824, el comandante José Ramón Rodil y Gayoso desconoció la capitulación realista y esperanzado en un refuerzo de España se refugió con un nutrido grupo de civiles en el Real Felipe. Es posible que entonces haya podido haber allí algún niño, pero acompañado de su familia, lo cual no concordaría con las psicofonías, como veremos más adelante.

La fortaleza Real Felipe en el Callao
Cúpula Torreón de la Reina, grabación con Frank’s Box, a partir del segundo 52:
Voz niño: Sí, por favor
Dharma: ¿Cuántos años tienes?
Voz niño: Once
Dharma: Niño, ¿estás solo?
Voz niño: Solo
Dharma: Mamá, ¿cómo estas?
Voz mujer: ¿Quién eres tú?
Dharma: ¿Puedo hablar con tu niño?
Voz mujer: No quiero
Dharma: ¿Por qué llora el niño?
Voz mujer: Lo dejaron sin frazada
Dharma: ¿Por qué estás triste?
Voz mujer: No preguntes
Dharma: ¿Puedo hablar con el niño?
Voz mujer: Está acostumbrado a no escuchar
Dharma: ¿No puedo hablar con el niño?
Voz mujer: ¿Con cuál?
Dharma: Mamá, ¿quieres hablar?
Voz mujer: ¡No me jodas!
En el diálogo, se escucha la voz de un niño triste que dice tener once años y que está solo.
Sin embargo, se escucha la voz de una mujer que también dialoga con Dharma. Se puede identificar que tiene dejo cusqueño y está apenada por el niño. ¿Podría ser la voz de Micaela Bastidas?
Lo que aparentemente es contradictorio es que el niño diga que está solo, pero se escucha la voz de una mujer. Esto podría explicarse porque cuando el niño estuvo preso en vida, el alma de su madre fallecida pudo estar con él, por tanto él no la veía y por eso habría dicho que está solo. Visto esto así, no habría contradicción. Por esta misma razón la voz de la mujer dice que el niño está acostumbrado a no escuchar. Si el niño estaba vivo y ella fallecida, él no la escuchaba y ella no tendría conciencia de su muerte, como suele suceder con quienes padecieron una muerte violenta.
La voz de la mujer denotaría una gran tristeza cuando le preguntan “¿por qué estás triste?”, al responder “no me preguntes”. Alguien que pasó por hechos muy terribles, como Micaela Bastidas, está poco dispuesto a hablar de la razón de su tristeza.
El dejo cusqueño de la mujer descartaría que se trate del grupo de civiles que se refugió con Rodil en el Real Felipe en 1824. Cuanto más, porque eran aristócratas y buena parte de ellos eran de la nobleza, marqueses, condes, por tanto bienhablados.
A continuación se puede escuchar el audio, para que saquen sus conclusiones:
Otros hechos trágicos sucedieron en el Real Felipe, en 1948, cuando el general Manuel Odría, entonces ministro del Interior, perseguía a los apristas, que eran los terroristas de esos años, pues habían causado la masacre de Trujillo y asesinatos de personajes importantes. En Lima los apristas enrumbaron al Callao y se atrincheradon en esta fortaleza. Odría dio orden de que no quede ni un hombre vivo. Y así fue, 1,500 apristas fueron pasados por las armas. Un testigo narró que la limpieza del lugar fue terrible, recogieron los cadáveres en camiones y había tanta sangre coagulada que debieron usar lampa y carretilla para retirarla.

1 comentario
Si puede ser Fernandito con su madte y justo tenia 11