Crece como la espuma
Por Humberto Campodónico
El consumo del gas de Camisea en los vehículos limeños ha crecido de manera notable en los últimos 18 meses. En enero del 2006 apenas había 100 autos con gas natural vehicular (GNV), pero en febrero del 2007 ya habían 6,900 y, en noviembre del 2007, la cifra llegó a 22,018. Así, el consumo de GNV también pasó de 100,000 pies cúbicos diarios en enero del 2006 a 7.8 millones de pies cúbicos diarios en octubre del 2007.
La explicación es simple: su precio es 70% más barato que la gasolina y 50% más barato que el diesel lo que es clave en esta época de precios altos del petróleo. ¿Por qué es más barato? Porque el precio no está ligado para nada al precio del petróleo internacional. En otras palabras, si el petróleo sube a 200, 500 ó 1,000 dólares por barril, no importa, el precio del gas de Camisea sigue igual.
¿Por qué? Porque en enero se renegoció el contrato de Camisea y se acordó que el precio del gas subiría de acuerdo a la inflación, hasta un techo de 5% anual. Esta es la única vez que se ha renegociado un contrato de estabilidad jurídica a pedido del gobierno (porque ha habido centenares de renegociaciones a pedido de las empresas).
También ha contribuido el financiamiento de Cofide para la conversión de los autos. El esquema es así: los choferes pagan la conversión cuando compran GNV en el gasocentro: un "chip" inteligente les descuenta una parte de la "llenada de tanque".
Lo mismo por el aumento de los gasocentros: en abril del 2006 solo habían dos. Ahora hay 16 y vienen varios más. En este caso hubo negligencia pues, desde el 2001 se sabía que el gas llegaría en el 2004 y casi no se construyeron gasocentros, lo que comenzó a cambiar recién en octubre del 2006.
A pesar de lo avanzado, estamos a años luz de Argentina, donde hay 1´700,000 vehículos a GNV; claro, Argentina comenzó a usar gas hace más de 40 años. Pero también estamos lejos de vecinos más cercanos, como Colombia, que tiene 180,000 vehículos con GNV y que, solo en el 2006, convirtió 73,000 vehículos. También nos gana Bolivia (todas sus grandes ciudades tienen gas natural, como Colombia) que, a mediados del 2007, tenía 75,000 autos a gas natural, con un consumo de 19 MMPCD.
La lección es clara: a más consumo de gas de Camisea (lo que incluye el consumo de gas en los hogares, que no analizamos aquí), menos consumo de petróleo caro que importamos (lo que alivia el bolsillo de choferes y padres de familia).
A más consumo de gas, menos gastará el gobierno en el Fondo de Compensación de Precios a los Combustibles, que en el 2007 llegará a más de S/. 800 millones. Como se sabe, esta plata va a las refinerías de petróleo para que no suban el precio (con la fórmula de cálculo del Precio de Paridad de Importación, tan criticada en esta columna).
Por razones de espacio, mucho se queda en el tintero: la necesidad de gasoductos regionales, por ejemplo a Arequipa, para "nacionalizar" su consumo; los incentivos tributarios para importar vehículos a GNV; el impulso clave a su industrialización, vía la petroquímica, que genera un gran valor agregado, entre otros.
Pero, sobre todo, tomar conciencia de que el gas de Camisea no debe ser exportado mientras no haya las suficientes reservas para abastecer al mercado interno, para no repetir la experiencia de Argentina con Chile. Sin embargo, eso es lo que está en marcha con el proyecto de exportación de gas a México. Volveremos sobre el tema.
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