Jhon Valdiglesias Oviedo*
La decisión de Xi Jinping de no asistir a la juramentación de Donald Trump podría no ser la más acertada, dado el contexto de un prolongado conflicto comercial global entre las dos mayores economías del mundo. Esta ausencia podría intensificar aún más las tensiones entre ambas naciones, en lugar de contribuir a la resolución de las diferencias comerciales. Lo ideal sería que las grandes potencias, como China y Estados Unidos, pudieran encontrar mecanismos para gestionar salidas diplomáticas a este conflicto, priorizando el bienestar de la comunidad global. Un enfoque cooperativo y constructivo en lugar de una postura confrontacional sería más beneficioso para la estabilidad económica mundial y el futuro de las relaciones internacionales.
Parece que tanto China como Estados Unidos están preparando sus propias estrategias y medidas para cumplir con sus objetivos contrapuestos. Por un lado, China busca continuar su crecimiento económico, promoviendo el comercio mundial como uno de los pilares clave para su desarrollo y expansión global. Por otro lado, Estados Unidos tiene como objetivo frenar el avance de China, con la intención de mantener su posición como la primera potencia mundial y preservar el status quo en el orden internacional. Esta dinámica de tensiones y rivalidades refleja el complejo panorama geopolítico actual, en el que ambas potencias están cada vez más alineadas con sus intereses nacionales y sus aspiraciones globales.

Muchos países en vías de desarrollo, como Perú, no solo somos espectadores en el conflicto entre China y Estados Unidos, sino que podemos desempeñar roles clave como conector entre ambas potencias. De hecho, países como México y Vietnam ya están aprovechando esta oportunidad al recibir inversiones tanto de China como de Estados Unidos, y luego actuar como intermediarios para exportar e importar productos entre estas potencias, funcionando como terceros mercados. Este enfoque permite que el comercio internacional no se vea interrumpido drásticamente, mientras que otros países en vías de desarrollo pueden beneficiarse de las oportunidades globales, reduciendo las tensiones y promoviendo una mayor integración económica en el escenario internacional.
Perú podría ser un excelente conector entre China y Estados Unidos, ya que mantiene relaciones amistosas con ambos países y tiene tratados de libre comercio con ellos. En este sentido, Perú podría desempeñar un papel clave en la promoción de la paz mundial, mientras también avanza en su propio desarrollo interno. Sin embargo, existen restricciones importantes que limitan este potencial, como la falta de infraestructura que obstaculiza la llegada de más inversión extranjera, la dependencia excesiva de las materias primas cuando lo que realmente se necesita es exportar productos manufacturados entre las potencias, y lo más crítico, la fragmentación política y la falta de liderazgo y visión de país. En última instancia, depende de nosotros mismos el fomentar un desarrollo sostenible y contribuir al bienestar global mediante la superación de estos obstáculos y la adopción de políticas estratégicas a largo plazo.
*Doctor en Economía, UIBE Beijing; Master en Estudios Asiáticos, NCCU, Taiwán;
Economista por la UNMSM, Lima
