Por Herbert Mujica Rojas
Si se leyera a Manuel González Prada pero no se dijera que es él, pareciera que alguien está haciendo el análisis de lo ocurrido 48 horas atrás en el Establo. ¿Tenía o no razón don Manuel cuando afirmó que hasta el caballo de Calígula sentiría vergüenza de formar parte de semejante corporación? Y da risa “leer” que hay quienes pretenden sepultar al prócer cuando la vigencia lacerante de sus escritos y mandobles permanece sangrientamente en todo el panorama contemporáneo de la nación.
¿No va siendo hora de comprender que esta generación que desde hace casi 30 años mantiene el imperio monopólico del gobierno político, económico, burocrático, periodístíco, ya canceló, y con desverguenza aberrante, su ciclo? ¿qué esperan los talentos para salir de sus cómodas cuevas y mullidos bufetes de generales de escritorio? Si esto ocurre es porque la bestiocracia está arriba y los inteligentes abajo. El problema reside en saber si los que tienen algo de cerebro tienen la mínima dignidad para emprender el ascenso o siguen pusilánimes y egoístas como hasta hoy.
¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien! ¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera! ¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz! ¡Sólo el talento salvará al Perú!
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