El Perú enfrenta una paradoja que merece atención: en el 2025 fue el segundo productor mundial de plata y el quinto de oro, pero ocupó el puesto 42 en el ranking mundial de exportadores de joyas. Estas cifras evidencian que la riqueza mineral no se traduce automáticamente en una industria joyera con mayor presencia internacional. El desafío consiste en convertir esa ventaja en productos diferenciados, mayor valor agregado y más empleo.
En el caso del oro, solo una proporción mínima se transforma en joyas, mientras que la mayor parte se exporta como ‘oro en las demás formas en bruto’. Esta realidad plantea una pregunta fundamental: ¿cuánto valor podríamos generar si ampliáramos nuestra capacidad para transformar los recursos minerales en joyas con diseño, calidad e identidad propia, relojes de lujo y otros productos de alta gama?
La joyería también cumple un papel importante en la formalización de la minería artesanal y de los pequeños mineros, pues las empresas demandan oro de origen formal y contribuyen a que sus proveedores cumplan con sus obligaciones tributarias. Sin embargo, las dificultades que enfrenta el sector ponen en riesgo este aporte y limitan su potencial de desarrollo.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Entre enero y agosto del 2026, los despachos de joyería y orfebrería sumaron US$ 37 millones 643 mil, lo que representó una caída de 58.5% respecto al mismo periodo del 2025.
Uno de los factores que incidió en este resultado fueron los aranceles aplicados en EE.UU., su principal mercado. Si bien México y España ofrecen oportunidades, diversificar destinos exige una estrategia sostenida de prospección comercial, adaptación a las preferencias de los compradores y construcción de relaciones de largo plazo.
La brecha internacional también revela cuánto camino queda por recorrer. En el 2025, Suiza exportó joyas por US$ 15 mil 241 millones, mientras que el Perú alcanzó apenas US$ 101 millones. Esta diferencia resulta especialmente significativa si consideramos que somos un importante proveedor de metales preciosos y contamos con una tradición histórica en la elaboración de piezas de oro y plata. Por ello, debemos avanzar en tres desafíos fundamentales: asegurar el acceso a materia prima formal, impulsar el valor agregado y conquistar nuevos mercados.
Estos temas se abordarán en el VIII Congreso Internacional de Joyería y Orfebrería, que se realizará el 26 y 27 de noviembre bajo el lema ‘Joyas que trascienden la historia’. La capacitación y el intercambio de experiencias contribuirán a que las empresas eleven sus estándares, fortalezcan sus capacidades y desarrollen una oferta más competitiva.
El Perú cuenta con los recursos, la historia y el talento necesarios para convertirse en un referente mundial de la joyería. El reto es transformar esa riqueza mineral en marcas propias, diseño e innovación, con piezas de alto valor agregado que proyecten nuestra identidad al mundo, favorezcan la formalización minera y generen mayores oportunidades en toda la cadena productiva.
