Se transcribe a continuación un interesante –como polémico texto- sobre las ONGs, entidades a las que el autor reputa como mal llamadas no gubernamentales, porque sostiene que sí tienen financiamiento, en no pocos casos, de órganos de esa calidad.
ONG : ¿mal necesario o generosidad calculada?
Parte I
por Francis Windey*, especial para Pueblo Continente
Los medios de prensa han presentado el reciente debate sobre la nueva ley de ONGs como un enfrentamiento entre la izquierda y la derecha. Fue de buen tono presentar por un bando las ONGs como factor de progreso y de libertad, o, por otro bando, como agentes de la subversión y enemigos de la libre empresa. Sin embargo, esta simplificación no corresponde a la realidad del terreno, ni siquiera de las ideologías vigentes.
Un mito que se debe corregir es el de la denominación «no gubernamental». En Europa es bien sabido que las ONGs reciben subsidios en forma de recursos financieros o humanos de parte del Estado o de la Comisión Europea. Dime quién te financia y te diré para quién trabajas, así se podría resumir la situación. Cierto, las grandes ONGs tienen recursos propios gracias a las donaciones del público. Pero muchos proyectos suyos reciben un apoyo muy importante del Estado. Los proyectos específicos de desarrollo en el tercer mundo reciben a veces el 80% o más de su financiamiento gracias a fondos gubernamentales o de la Comisión Europea. Otras ONGs han sabido captar la simpatía de grandes donadores del sector empresarial y así es que su objetividad e integridad pueden sufrir. Pero este último aspecto está generalmente ocultado por la prensa y los militantes.
Pero existe el movimiento inverso del mundo político hacia la esfera ONG. No es ningún secreto cómo en Bélgica, asesores de ministros logran ser cooptados en estos organismos. Y esta situación existe en numerosos países. Ambas partes tienen así un poderoso interés en eso. Por un lado, las ONGs aseguran la continuidad de su financiamiento. Por otro lado, el personal político garantiza un empleo remunerado y mantiene vigente la esperanza de más notoriedad electoral.
La derecha que siempre hace de la libre asociación su ideología y se ufana siempre del término «libertad» (como lo hizo para impedir la estatización de la banca en 1987) quiere negar este derecho a sectores populares. Está de acuerdo con la libertad en lo económico pero quiere regular una vez que sus intereses están amenazados. Y es cierto que ven con preocupación cómo ONGs denuncian empresas sospechosas de contaminar el medio ambiente o de defender derechos de propiedad comunitaria en tierras codiciadas. Se vio así en los últimos años conflictos en Ilo, Perú, con una trasnacional de producción energética y llamadas organizaciones populares y programas radiales de ONGs por asuntos de contaminación. También en Yanacocha (Cajamarca) o en la selva donde comunidades indígenas se enfrentan regularmente con grandes empresas internacionales. También le preocupa a la derecha y a algunos sectores del Estado el activismo en la defensa de los derechos humanos.
Sin embargo, y lastimosamente para los «ideólogos», el problema no se reduce a una dicotomía «blanco» y «negro», suerte de dialéctica destinada al fracaso. Pues imaginarse que las ONGs son buenas o son malas esquiva el verdadero panorama y falsifica el debate. Se puede en realidad analizar la problemática ONG por tres ángulos: uno de la seguridad nacional, un segundo de la pertinencia del proyecto y del cumplimiento de los objetivos, un tercero acerca de la buena administración de los recursos y del buen manejo. Y también habría que incluir en el término ONG a las «fundaciones» y los «think tanks» (grupos de reflexión).
La mejor prueba de la pertinencia de esta constatación es la determinación del senado de EEUU de ligar la desregulación de ONG a la firma del TLC peruano. Así lo dice el documento «Organizaciones No Gubernamentales y promoción de la democracia: voz para el pueblo», que según el diario peruano La República «podría dañar las percepciones del compromiso de García con el proceso democrático peruano»… De esta manera vemos que los aspectos económicos no son sino otra fachada de una voluntad de dominación politica… .
La respuesta de algunos países ha sido variable. Rusia ha sometido las ONG a condiciones de regulaciones extremadamente severas, provocando la fuga de varias organizaciones financiadas por occidente. Venezuela tambien está sometiendo las ONGs a un control estricto.
Parte II
ONG: ¿mal necesario o una generosidad calculada?
Cuando en abril 1994 occurió el genocidio de varios cientos de miles de ruandeses de la etnia tutsi por millares de milicianos de la etnia hutu, los guerrilleros tutsis basados en Tanzania entraron en Ruanda y tomaron la capital Kigali, luego llegaron a ocupar todo el infeliz país provocando así un éxodo de un millión de hutus. Estos refugiados se asentaron en Zaire, más exactamente en la zona fronteriza con Ruanda, en el Kivu Norte (Goma, Rutshuru, Bukavu, el parque natural de La Ruindi). Se improvisaron varios campamientos de refugiados con los auspicios del Alto Comisariado para los Refugiados de la ONU; luego estalló una severa epidemia de cólera. Ahí apareció la «internacional humanitaria». Se vio así cómo ONGs internacionales de salud luchaban entre ellas para recaudar fondos para luchar contra este drama bastante mediatizado en Europa. ¿Quién iba a cosechar más fondos girados por el generoso público emocionado por las horrorosas imágenes de este flagelo humano? ¿Quién iba a ocupar más espacio físico en los campamentos de Goma y Bukavu y captar con esta pequeña conquista más atención mediática y consecuentemente atraer todavía más notoriedad y dinero público o estatal?
Pero ahí no terminó el asunto en la zona fronteriza de Zaire con Ruanda. Es que varios elementos de las milicias hutus (los temibles interahamwes) se habían infiltrado en los campamentos de refugiados, aprovechando este escudo humano para lanzar ataques contra el país vecino Ruanda y su nuevo régimen tutsi. El hecho fue denunciado por algunas ONGs y varias de ellas decidieron irse del lugar para no arriesgar un apoyo escondido a los genocidas interahamwes. Sin embargo no todas las ONGs actuaron así, se callaron y prosiguieron la ayuda practicando una política de avestruz, aprovechando algunos intereses geopolíticos. Claro, siempre con la mano en el corazón y proclamas de humanidad.
Al parecer, las tropas rebeldes apoyadas por los ruandeses tutsis, cometieron masacres durante su avance hasta la capital Kinshasa. Por lo menos así lo denunciaron algunas ONGs. Cuando Kabila llegó a ser presidente auto-proclamado de Zaire en mayo de 1997, de pronto bautizada República Democrática de Congo, la prensa internacional habló muy poco del asunto, al contrario de los medios franceses, más afines a Mobutu y los hutus. Es que mientras, las trasnacionales, más que todo anglosajonas, estaban negociando con Kabila y los ex-rebeldes victoriosos el reparto de la torta minera. También las potencias financieras exigían reformas estructurales ecónomicas para volver a negociar la tremenda deuda congolesa (que, en realidad, estaba perdida en las cuentas secretas del régimen mobutista). Sin embargo, Kabila quería, al parecer, proteger el patrimonio y los recursos nacionales. Entonces, la prensa empezó de nuevo a hablar de las masacres de refugiados hutus por las tropas de Kabila, ocultando el papel de los «padrinos» ruandeses tutsis. Se utilizó nuevamente testimonios de ONGs para desacreditar al gobierno de Kabila. También se seguía con el financiamiento de ONGs de derechos humanos para denunciar los abusos del nuevo presidente.
