El sábado 3 del presente mes, tras semanas de asedio aeronaval de EE.UU., este país atacó militarmente a Venezuela y secuestró al presidente dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien llevaron a territorio del invasor para someterlo a juicio por narcoterrorismo y uso o posesión de armas.
Las amenazas y maltrato de EE.UU. no afectan solo a los países de América Latina: también han invitado a Canadá a integrarse a EE.UU. como un estado más, lo cual ha tenido amplio rechazo entre los canadienses, cuyo primer ministro, Mark Carney, harto de tales insolencias, ha manifestado su disconformidad yendo a China1 donde ha firmado un tratado comercial y acuerdos de cooperación estratégica libres de cualquier tipo de presiones o condicionamientos, como ocurre en tratos con EE.UU.
En el Perú no tenemos buen concepto de Nicolás Maduro por considerar que el gran flujo migratorio de venezolanos a nuestro país, con una importante incidencia en la ola de criminalidad, tiene su origen en el descontento político y la precaria situación económica que se vive en Venezuela.
En momentos en que EE.UU. proclama como principio de acción el empleo de la fuerza y amenaza a varios países2, mencionamos acciones violatorias de la soberanía de Venezuela:
1) Bloqueo aeronaval de Venezuela
2) Bombardeo de instalaciones militares de Venezuela y destrucción de un centro de investigación científica.
3) Aprehensión y secuestro del presidente Nicolás Maduro.
3) Entrega del presidente Nicolás Maduro a una corte judicial de EE.UU.
4) Prohibición al estado venezolano de la libre disposición de sus recursos naturales. EE.UU. determina a quién se vende y a quién no se vende el petróleo venezolano, y recauda el dinero de las ventas.
5) Usurpación de la función del estado venezolano de administrar el dinero proveniente de la venta del petróleo y decidir que se utilice únicamente en la compra de bienes y servicios de empresas estadounidenses.
6) Usurpación de la política exterior del estado venezolano, al exigir al gobierno de Venezuela que corte relaciones y transacciones comerciales con determinados países.
7) Ejecuciones extrajudiciales de navegantes de lanchas acusados de ser narcotraficantes, sin que se haya probado el delito y sin siquiera intentar capturar a los presuntos delincuentes.

¿Con qué mandato EE.UU. realiza estos atentados?, ¿tienen algún legítimo derecho para atacar e intervenir en la vida política de otros países?, ¿la ONU o la OEA lo han autorizado para que secuestre personas? Respuesta: no tienen ningún derecho, mandato ni autorización para entrometerse en los asuntos internos de otros países y menos agredirlos, ni para secuestrar personas. Por otro lado, ¿la ONU o la OEA establecen que se debe atacar o invadir a un estado no democrático?
La intervención militar estadounidense contra Venezuela viola todas las normas del derecho internacional y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por ejemplo —y para empezar—, el numeral 4 del artículo 2 de la Carta de la ONU3 dice: “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”, proclama de la que EE.UU. se burla cuando amenaza emplear la fuerza armada, lo cual es algo que pone en práctica. Viola también el artículo 17 de la Carta de la OEA: “Cada Estado tiene el derecho a desenvolver libre y espontáneamente su vida cultural, política y económica. En este libre desenvolvimiento el Estado respetará los derechos de la persona humana y los principios de la moral universal”, al tomar el control de la riqueza petrolera de Venezuela y del desenvolvimiento de la vida política de los venezolanos.
La actuación de EE.UU. es violatoria del artículo 28 de la Carta de la OEA, que trata de la seguridad colectiva, según el cual “Toda agresión de un Estado contra la integridad o la inviolabilidad del territorio o contra la soberanía o la independencia política de un Estado americano, será considerada como un acto de agresión contra los demás Estados americanos”. En el caso del Perú, nuestra diplomacia se abstiene de criticar la agresión de EE.UU., con lo cual reconoce que EE.UU. “actuó correctamente” al agredir a Venezuela pisoteando su soberanía e independencia política.
Frente a este mal ejemplo peruano, merece destacarse la positiva actitud de los gobiernos de Uruguay, Brasil, Chile, Colombia, México y España que, en acatamiento del mencionado artículo 28 de la Carta de la OEA, condenan la agresión militar de EE.UU. y piden la solución pacífica del conflicto. Además, el art. 29 señala que debe haber reacción ante esta embestida de EE.UU.: “[…] los Estados americanos en desarrollo de los principios de la solidaridad continental o de la legítima defensa colectiva, aplicarán las medidas y procedimientos establecidos en los tratados especiales, existentes en la materia”.

Motivo económico
Al apropiarse del petróleo venezolano para venderlo como si le perteneciera, EE.UU. persigue varios objetivos: a) tener el control del petróleo de Venezuela; b) asegurar que esa venta se haga en dólares; c) impedir, además, que China tenga acceso al petróleo venezolano.
Pero hay algo más.
No puede con los asiáticos
Con seguridad puede afirmarse que EE.UU. ha ido perdiendo competitividad. Más allá de estadísticas y números engañosos o verdaderos, preguntémonos si al caminar por calles y avenidas vemos autos de las marcas Ford o Chevrolet: la respuesta es que se ven muy pocos porque lo que se observa son marcas como Toyota y Honda (japoneses) y Hyundai y Kia (coreanos). En electrodomésticos las lavadoras Whirlpool compiten con las LG (coreana); en refrigeradoras se ven muchas más Samsung (coreanas) que Frigidaire o Electrolux; en televisores hay casi un monopolio de las marcas LG y Samsung; en teléfonos móviles casi todo es chino (Huawei, Redmi, ZTE, etc.) o coreano (Samsung).
En armamento, particularmente para la fuerza aérea, EE.UU. ha ofrecido4 al Perú la marca F-16 que es un buen avión pero su compra afectaría nuestra soberanía y capacidad de defensa por el “derecho” de EE.UU. de inmovilizar el avión remotamente (kill switch) y por su escandalosa y sospechosamente elevado precio: cada avión cuesta casi el triple que un F-35 y el quíntuple que un Su-57 E, que son aviones de quinta generación. Para el ejército, EE.UU. tiene en venta el tanque Abrams, de fracaso rotundo en Ucrania y que se ha exhibido en museo al aire libre de Moscú.

Por estas diversas limitaciones, los estadounidenses están preocupados e interesados en vender lo que sea a como dé lugar; por eso exigen a Venezuela que para la mejora de su industria petrolera, el dinero de la venta de petróleo no se emplee en lo que Venezuela necesita sino exclusivamente en la compra de bienes y servicios de empresas estadounidenses. En cuando a armamento, es público que presionan o amenazan a diversos países (casos de Perú, Egipto e Indonesia) para que no compren de Rusia o China sino de EE.UU.
El argumento de EE.UU. es que los países de América Latina son su patio trasero (back yard) que les pertenece5 y que están políticamente debilitados por la corrupción y que, por tal razón, deben supeditar su soberano desenvolvimiento político, militar6 y económico a los intereses de Washington, que se atribuye el derecho de intervenir directamente, incluso por la fuerza, en cualquier país cuyo discurrir político o económico no coincida con los intereses del agresor del norte.
Esa realidad es innegable, que obliga a reconocer que las naciones de América Latina están expuestas a los desmanes de un país muy peligroso y agresivo, que es EE.UU., el cual con sus intromisiones e intervenciones militares no oculta sus propósitos hegemónicos. El siglo XIX los países de América Latina se liberaron del dominio de España, pero con lo que ahora vemos, es necesario sacudirnos de la situación de colonias, protectorados o subordinados de EE.UU.
Posición del Perú
Respecto de Venezuela, hasta el momento en la OEA la participación del Perú, como leal y sumiso subordinado, se ha limitado a decir amén al mandato7 de EE.UU. condenando a la dictadura de Venezuela, criticando a Caracas por elecciones amañadas, entre otros asuntos que nos son ajenos y que más bien han servido de equívoca señal que alentó la gran migración de venezolanos al Perú. Por eso, en los foros de la OEA o de la ONU, la diplomacia peruana debe enmendar sus serviles errores y votar en contra o abstenerse en casos en que EE.UU. y sus sirvientes critiquen o condenen a cualquier gobierno de América Latina o de otros continentes.
Para vivir tranquilos, dejemos de meternos en asuntos que no nos competen, que son ajenos a nosotros.
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1 Leer Canadá da impulso a sus relaciones con China para emanciparse de Estados Unidos
2 Leer EE. UU., enemigo descoyuntador de América Latina
3 Ver https://www.un.org/es/about-us/un-charter/full-text
4 Leer Compra de aviones para la FAP, ¿qué hay detrás?
6 Leer Perú “aliado importante de los EE. UU.”
7 Leer Política exterior de EE.UU. impone subordinación y sumisión
Ver también
Diplomáticos peruanos mediocres y cómplices
