Aunque aún no se anuncia oficialmente cuál es la decisión del gobierno peruano en lo referente a la compra de 24 aviones de combate con los 3500 M$ destinados para ese fin, el Presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez, ha informado en medios de información locales:
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por todos es notorio que Estados Unidos ahora ejerce un liderazgo no solamente regional, sino mundial, sumamente dinámico y sumamente activo. Por lo tanto, esa adquisición [de los F-16) no corresponde a comprar camiones, ni comprar autos, sino es parte de una política estratégica que involucra el futuro del país |
Según este razonamiento, tomando en cuenta que EE.UU. está amenazando a varios países y pretende anexarlos o quitarles soberanía, es bueno comprar sus aviones F-16 aunque por su inflado precio no nos vendería 24 aeronaves sino solamente 12, que es lo que se podría adquirir con los 3500 M$ disponibles de nuestro debilitado presupuesto.

“Liderazgo” de EE.UU.
Impresionado o estimulado por las ínfulas de poder y disparates del presidente de EE.UU., Ernesto Álvarez dice que “Estados Unidos ahora ejerce un liderazgo no solamente regional, sino mundial, sumamente dinámico y sumamente activo” y que en consecuencia, como muestra de reconocimiento al intimidante mensaje del energúmeno, la adquisición de los exorbitantemente costosos F-16 “es parte de una política estratégica que involucra el futuro del país”.
En tiempo de la incertidumbre provocada por el conflicto de Ucrania, el genocidio apoyado por EE.UU. contra los palestinos, las amenazas de EE.UU. contra la soberanía de Groenlandia, Canadá, Méjico y Venezuela, las sanciones económicas con las que EE.UU. extorsiona a diversos países, tenemos que preguntarnos qué ganamos alineando con EE.UU. salpicándonos con el bien ganado desprestigio del desenfrenado hegemón y endeudándonos con ese país que pasa por grave crisis económica.
Ineptitud diplomática
La cancillería, en vez de poner al Perú al margen de alineamientos y menos con un país como EE.UU., adverso al Perú, ha optado por comprometer a nuestra patria en una alianza desigual y desventajosa.
¿El Presidente del Consejo de Ministros y otros de su misma ralea no han pensado en el silencio que en la ONU guarda la “principista” diplomacia peruana frente a los desmanes del país del norte? Cómo aliado (mejor dicho, sirviente) de EE.UU., ¿qué va a hacer o decir el Perú cuando EE.UU., violando la Carta de la ONU, intervenga militarmente en otro país del continente?, ¿o en realidad estos sirvientes de la Cancillería reconocen que EE.UU. tiene pleno derecho de atacar a otro país y decidir cómo debe gobernar? ¿No saben estos lacayos que con el fin de debilitar a los países europeos EE.UU. los obligó a sumarse en forma económicamente suicida a las sanciones contra Rusia? ¿No se dan cuenta los serviles cortesanos de que lo que menos desea EE.UU. es el progreso de otras naciones?, ¿creen que ese país va a estar contento si avanzamos?, ¿creen que en la lucha antidroga sirven las bases militares que se ha permitido a EE.UU., que siempre mantiene ambigüedad en sus acciones?
Sacudirnos
Debe exigirse que se postergue cualquier decisión en este asunto, hasta que se elija un nuevo gobierno y se informe a la población de las desventajas de abandonar una postura neutral. Por otro lado, los títeres y al parecer sobornados de EE.UU. ven la compra de los aviones F-16 como confirmación de nuestro apego a ese país. Siendo esto así, ¿qué significa que como premio a la adulonería peruana EE.UU. nos quiere obligar a pagar casi el triple por los aviones que intenta vendernos y por el proyecto de la base naval?
Y qué hay de la pérdida de soberanía que significaría la compra de los F-16, ya que el Perú tendría que esperar el permiso de EE.UU. para usar las aeronaves en un conflicto armado. ¿Son tan brutos nuestros diplomáticos y políticos, o están oleaginosamente enceguecidos por lo que ya sabemos?
Esto aparte de que si se agrava la situación y estalla un conflicto mundial, terminaremos sufriendo las consecuencias de estar en el lado de un seguro perdedor, incluyendo algún grado de destrucción, daños y escaseces. Algo así como lo que sucedió con la España franquista, que la pasó muy mal varios años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, por su cercanía con la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.
El remedio: mantener una actitud de neutralidad, tener trato comercial y nada más con EE.UU., evitando sus “asesorías”, especialmente en la lucha contra el tráfico de drogas.
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