Hoy 21-12-2025 el diario limeño Expreso presenta en la portada frases como “EE.UU. QUIERE AL PERÚ COMO ALIADO MILITAR CLAVE FUERA DE LA OTAN” y “WASHINGTON APUNTA A LIMA PARA FRENAR EL AVANCE CHINO EN SUDAMÉRICA”
Esto tiene como precedente la presentación de un pedido del presidente Donald Trump al Congreso de su país para que refrende la condición del Perú de aliado militar de EE.UU.
Preocupa que se presente de esta manera tan alarmante la posición del Perú respecto de EE.UU., porque se confunde el concepto de socio comercial —que es lo que actualmente existe— con el de aliado, que implica adhesión del Perú a la política de defensa y guerra de los EE.UU.
En cuanto a los asuntos de defensa, la fuerza armada del Perú puede tener convenios de adiestramiento con el país del norte, maniobras conjuntas, o comprar determinado material (como calzado, carpas, vehículos de transporte de personal, proyectiles de artillería, etc., pero no aviones, radares, barcos ni equipos de comunicación, por todos los peligros que se conocen).
Por otro lado, EE.UU. quiere utilizar al Perú como sirviente antagonizado para “FRENAR EL AVANCE CHINO EN SUDAMÉRICA”. Ante esa ofensiva pretensión del gobierno de los EE.UU., para los peruanos está claro que si alguien busca “frenar” las inversiones y el comercio de China, ese alguien debe ser EE.UU. y no peruanos convertidos en sirvientes.
Ya que los estadounidenses se presentan como los adalides de la libertad y del libre comercio, queremos ver —nos conviene— que, cuando haya concursos internacionales para construir ferrocarriles, puertos, carreteras y otras obras de infraestructura, se presenten empresas o consorcios de EE.UU. que ganen la licitación poniendo más dinero que los chinos. Pero como saben que por su decadencia no pueden competir con los chinos, que tienen más dinero para el Perú que los estadounidenses, estos recurren a los golpes bajos.
Por ejemplo, cuando se trata de aviones o misiles antiaéreos, los estadounidenses —al saber que no pueden competir en calidad y precios— recurren a la presión diplomática o a las amenazas abiertas para que los países no compren productos rusos (o chinos) y más bien compren productos de ellos (por ejemplo, quieren que el Perú, sacando dinero de donde no pueda, compre sus aviones F-16, que cuestan por lo menos el triple que la competencia).
Responsabilidades
Nadie puede atribuirse la potestad de comprometer al Perú en “alianzas” con otra potencia, especialmente si esto supone alinear política y militarmente con un país como EE.UU., que en los momentos críticos nunca se ha portado bien con el Perú.
Todos sabemos que EE.UU. está enfrentado a China y Rusia, con perspectivas de guerra total.
Si solo enfrentar a Rusia, que en el mundo tiene el mayor arsenal de armas nucleares, es una tarea dificilísima o imposible para EE.UU., y si a eso añadimos el poderío de China, inevitablemente EE.UU. pinta como perdedor.
¿Qué ganamos tomando partido en pelea de grandes?, ¿qué ganamos poniéndonos del lado del más probable perdedor?, ¿no sería mejor preservar nuestros intereses declarando nuestra neutralidad y absteniéndonos de alianzas y de cederles bases militares?, ¿nadie ha pensado que en caso de guerra entre las grandes potencias, las bases militares estadounidenses que el Perú cobija serían blanco legítimo de los adversarios de EE.UU.?
Los responsables de tomar el nombre del Perú para que sea aliado militar de EE.UU. son:
—Ministerio de Relaciones Exteriores
—Ministerio de Defensa y Comando Conjunto de la Fuerza Armada
—Congreso de la República
—Poder Ejecutivo (presidente de la república y primer ministro)
Los personajes que actúan en estas instancias deben asumir responsabilidades y dejar sin efecto su entreguismo. Hoy el típico silencio de los corruptos y rateros no los exonera de la obligación de rendir cuentas de lo que hacen tomando el nombre del Perú.
Como en Ecuador, debe someterse a consulta popular la presencia de bases militares de EE.UU., que realmente no nos hacen ningún bien, y menos en lo concerniente a la lucha contra el tráfico de drogas.
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