Un estudio realizado en la Universidad de Gotemburgo, Suecia, sugiere que las puntuaciones obtenidas en pruebas de razonamiento durante la adolescencia podrían predecir el riesgo de demencia décadas antes de que se desarrolle la enfermedad.
Los investigadores realizaron un seguimiento a más de 10 mil personas durante 60 años, comenzando en la etapa de educación secundaria, para evaluar los efectos a largo plazo de su educación en el riesgo de padecer enfermedades crónicas como la demencia.
A los 13 años, los participantes se sometieron a pruebas de razonamiento inductivo, las cuales evalúan el proceso de toma de decisiones y las capacidades de una persona. Las pruebas de razonamiento inductivo por ejemplo muestran una secuencia de gráficos y preguntan qué gráfico sería el siguiente.
El equipo buscaba determinar si unas mayores capacidades cognitivas en la adolescencia podían actuar como factor de protección frente a la demencia en etapas posteriores de la vida.
Los estudiosos descubrieron que los niños que obtuvieron mejores puntuaciones en estas pruebas tenían un 16 % menos de probabilidades de desarrollar demencia, incluso tras tener en cuenta otros factores de riesgo como el nivel educativo y enfermedades graves, tales como las cardiopatías.
Las pruebas que evaluaban otras capacidades cognitivas, como el aprendizaje espacial y verbal, pero estas no influyeron en las probabilidades de desarrollar demencia, lo que sugiere que el razonamiento inductivo podría ofrecer, específicamente, un factor protector.
El equipo advirtió que, si bien el estudio no pudo demostrar que el razonamiento inductivo determine directamente el riesgo de demencia, podrían existir diversos mecanismos asociados.
Explicaron que las tareas de razonamiento inductivo, como clasificar grupos o reconocer patrones, ejercitan la red frontoparietal, un centro de control cerebral que coordina la memoria de trabajo y que se ha relacionado con el deterioro asociado a la demencia, mal que afecta en el mundo a un número creciente de personas y se presenta incluso en formas precoces, es decir, no en edades avanzadas, sino en la adultez, entre los 30 y 65 años.
En el desarrollo de la demencia influyen factores como el estilo de vida como una mala alimentación, el sedentarismo, el consumo de alcohol y el aislamiento, pero diversas investigaciones se centran en vínculos que se remontan a la infancia y la adolescencia.
En este nuevo estudio, publicado en la revista Alzheimer’s Research & Therapy, los investigadores reclutaron a 10.539 jóvenes suecos de 13 años nacidos en 1948. Los participantes realizaron pruebas cognitivas en 1961 para medir el razonamiento inductivo, así como las capacidades verbal y espacial.
Las pruebas de razonamiento inductivo pueden incluir tareas como completar secuencias numéricas, identificar patrones y localizar elementos que no encajan en un grupo. Las pruebas de habilidad verbal pueden evaluar la comprensión lectora y la estructura de las oraciones, mientras que las pruebas espaciales pueden examinar cómo interactúan los participantes con objetos físicos, como piezas de rompecabezas.
En este estudio en particular, se pidió a los adolescentes que determinaran el siguiente número de una secuencia, eligieran palabras opuestas a partir de una lista de opciones e imaginaran mentalmente cómo se formarían figuras al plegar una lámina de metal.
Se realizó un seguimiento de los participantes hasta noviembre de 2025. Durante el periodo del estudio, 287 personas (el 2,7 %) presentaron casos registrados de demencia, aunque es posible que hubiera otros casos no documentados.
Los investigadores utilizaron registros nacionales de hospitales y defunciones para determinar los diagnósticos de demencia, enfermedades cardíacas, diabetes y otras afecciones graves asociadas al deterioro cognitivo.
Los adolescentes que obtuvieron puntuaciones más altas en las pruebas de razonamiento inductivo a los 13 años tenían un 16 % menos de probabilidades de desarrollar demencia en la vejez. El equipo descubrió que cada punto adicional obtenido en estas pruebas se asociaba a una reducción del 2 % en el riesgo de demencia.
Sin embargo, las otras dos pruebas no mostraron relación con una disminución en el desarrollo de la demencia. Los investigadores ajustaron los datos teniendo en cuenta el nivel educativo tanto de los participantes como de sus padres.
En el estudio observaron que aunque las enfermedades cardíacas y la diabetes se han asociado a un mayor riesgo de demencia debido al daño en los vasos sanguíneos y a la inflamación, el 58 % de los participantes con demencia no padecía estas afecciones, lo que sugiere que la salud vascular no es la única responsable del desarrollo de la demencia.
El equipo también replicó los hallazgos con una cohorte de 19.919 personas nacidas en 1953, observando un riesgo de demencia un 15 % menor entre quienes obtuvieron puntuaciones más altas en razonamiento inductivo.
Además de que el razonamiento inductivo ejercita estructuras cerebrales que se dañan con la demencia, los investigadores sospechan que podría estar relacionado con la “integridad del sistema”, esto es, la tendencia de las personas con una función cognitiva más sólida en etapas tempranas de la vida a presentar un mejor funcionamiento en múltiples sistemas, como la salud cerebral, cardíaca y metabólica.
El equipo advirtió que no pudieron tener en cuenta otros factores relacionados con la demencia, como la salud prenatal, la genética, los hábitos de vida en la edad adulta y los subtipos específicos de demencia.
Señalaron que futuros estudios podrán evaluar más a fondo esta relación y explorar si el desarrollo cognitivo durante la infancia podría prevenir la demencia.
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